Buscar
  • Lucas Correa

Mitos y educación inclusiva. 10 excusas frecuentes que no debemos creer




La educación inclusiva está llena de mitos que se disfrazan de excusas, de falsas creencias que se repiten una y otra vez y que vulneran el derecho a la educación inclusiva. Atacar los mitos y reemplazarlos por ideas correctas es parte de la transformación de los sistemas educativos y de los colegios públicos y privados que implica la educación inclusiva.


En esta nota de blog le compartimos 10 mitos y excusas frecuentes y algunas ideas para no creérselas. Estas no son todas, si se le ocurre alguna más, publíquelas en las redes sociales usando #EscuelaParaTodos.


Mito 1. Es una moda que va a pasar. Que son algunas mamás las que quieren la inclusión, que son algunos docentes los que deciden hacerlo, pero al final, la educación inclusiva es una moda, como muchas otras en la educación, que va a pasar. Falso.


La educación inclusiva es un derecho humano que lleva más de 25 años consolidándose en América Latina. En la mayoría de países está debidamente regulada y vigilada por las autoridades y es un deber de los colegios públicos, privados y de los maestros. No es una moda, no es una tendencia. Es un derecho y una obligación que, juntos, podemos ayudar a materializar.


En el curso: "Crear un plan para un colegio inclusivo", LAB Academy, comparte una ruta útil para transformar su colegio en un lugar responde a los retos de la educación inclusiva. A lo largo de 9 semanas, a su propio ritmo, en sus propios tiempos, y por medio de 5 workshops y 11 lecciones, rectores, directivas y maestros de toda América Latina construirán su propio plan y podrán compartirlo con otras personas que enfrentan retos parecidos. Revise los detalles del curso y matricúlese.


Mito 2. Es un asunto muy complejo que necesita de expertos que sepan qué hacer en cada caso. Se dice que para lograr la transformación que requiere la educación inclusiva se necesitan expertos, educadores especiales formados en todos los diagnósticos, que sepan qué hacer en cada caso, se requieren psicólogos, psico-pedagogos. Creemos que son ellos no es posible hacerlo. Nada más alejado de la realidad.


Pensar que solo expertos pueden materializar la educación inclusiva solo perpetúa el negocio de unos pocos, libera de la responsabilidad a los maestros y limita el desarrollo de su capacidad de innovación de los diferentes actores del sistema educativo. La educación inclusiva debe suceder con el saber pedagógico y didáctico de los maestros, de todos los maestros, pero también con su capacidad de innovar, de probar, de equivocarse y aprender de sus errores. La educación inclusiva no es una lista de mercado de cosas que deben hacerse cuando un estudiante tiene un diagnóstico, una dificultad o es simplemente diverso.


Mito 3. Antes de poder hacerlo hay que capacitarse mucho. A mí esto no me lo enseñaron en la universidad y acá nunca hemos tenido un caso parecido. Primero debemos formarnos, tomar cursos, estar preparados y luego lo haremos. A incluir se aprende incluyendo, se aprende haciéndolo, intentándolo.


Las oportunidades de formación son muy importantes, pero cuando la inclusión depende de estar formados, normalmente, estamos frente a una excusa. La educación inclusiva es un proceso inacabado, no un punto de llegado. Nunca se sabe todo, ni se sabe suficiente. Siempre emergen nuevos retos. Vale la pena formarse, vale la pena formarse entre maestros, vale la pena compartir información, estrategias y buenas prácticas.


Mito 4. No es un asunto educativo, es un asunto de terapias, el maestro no debe hacer nada diferente. Remitámoslo al terapeuta, para que ayude, lo nivele y que luego regrese al salón de clase. Mientras tanto los maestros podemos seguir haciendo lo que hacemos regularmente. Completamente equivocados. Esta es una visión médica del reto educativo, al estudiante le falta algo, un profesional de la salud debe curarlo para que luego pueda volver a la normalidad del salón de clase.


Lastimosamente así no sucede, a pesar que muchos maestros y familias lo deseen en lo más profundo de su corazón. La educación inclusiva exige que la escuela y sus maestros transformen sus prácticas. Si eso no sucede la educación inclusiva no existe. Claro que los niños deben acceder a servicios de salud, a terapias si las necesitan y tales deben estar articuladas con los maestros, pero educación inclusiva no es igual a terapias.


En el curso: "Crear un plan para un colegio inclusivo", LAB Academy, comparte una ruta útil para transformar su colegio en un lugar responde a los retos de la educación inclusiva. El curso está dirigido a rectores, directivas y maestros de toda América Latina que construirán su propio plan para transformar su propio colegio. Revise los detalles del curso y matricúlese.


Mito 5. Hace más lento el proceso educativo de los demás. Maestros y familias quieren excluir a los niños y niñas tratando de hacernos creer que los otros se ven perjudicados, no aprenden tanto, van más lento, esos niños exigen mucha atención y tiempo de los maestros. Es una pérdida de tiempo, siempre hay estudiantes que van a lograr menos y no se justifica invertir tiempo en ellos.


Cada niño debe recibir tanto como necesita, se vale que los niños colaboren entre sí, se ayuden unos a otros, se reconozcan como diferentes. La educación no es una carrera de obstáculos en la que premiamos a los que van más rápido, a los que logran más. Se trata de que todos estén, sean parte, se sientan escuchados. No de sacar a algunos para que los demás vayan más rápido.


Mito 6. Es incompatible con la educación de alta calidad y bilingüe. Eso de la inclusión en este colegio no es posible en este colegio, acá somos de alta calidad, somos bilingües, nuestros estudiantes "van directo a la Nasa". Quizás en otros colegios de menor exigencia sí sea posible. Una excusa para excluir.


La educación debe ser inclusiva y debe funcionar para todos los estudiantes sin importar cuán costosa, sofisticada, privada o de supuesta "alta calidad". Una oferta educativa selecciona a los mejores mientras prescinde de otros no es nunca de alta calidad. Puede ser cara y tener un alto desempeño en pruebas estandarizadas de dudosa utilidad, pero nunca un servicio educativo de calidad capaz de transformar positivamente a las personas y a la sociedad en la que se inscribe.


Mito 7. Eso funciona en la primaria, pero en el bachillerato no, mucho menos en los grados más avanzados. En el bachillerato hay muchas materias, muchos profesores, los contenidos son muy complejos o avanzados, la educación inclusiva no es posible en este nivel. Falso e ilegal. Para qué graduarlo de bachiller, si no sabe lo mismo que los demás, si no va a entrar a la universidad.


La educación debe ser inclusiva en todos los grados, en todas las ofertas y a lo largo de toda la vida. El reto es mayor, puede ser que sí. Pero es igual un derecho, exige la articulación de más maestros, mayor flexibilidad, mayor trabajo en equipo, sí. Pero hay que hacerlo, no es opcional.


Mito 8. Solo es posible cuando hay pocos estudiantes en el salón de clase. Claro que podríamos ser incluyentes, pero es que acá tenemos más de 35 estudiantes por salón, si tuviéramos 10 ó 15 sí lo lograríamos. Excusas.


Luego, el que tiene 20 estudiantes va a querer tener 8, y el que tiene 10 va a decir que no sabe cómo hacerlo, que no lo han formado. Obviamente es deseable que hayan pocos estudiantes por salón, pero de eso no puede depender la educación inclusiva. La clave para lograrlo es que el maestro quiera hacerlo, que valore el reto pedagógico, que innove e intente. Si no quiere hacerlo no importa cuántos estudiantes tiene enfrente.


Mito 9. Va a aprender más en otro lugar, en la escuela va a sufrir mucho. Es mejor para él que tiene una discapacidad que no venga acá, va a ser peor, va a sufrir mucho, se van a burlar de él, es que usted no se imagina lo crueles que son los niños. Mejor llévelo a terapias, donde haya otras personas como él. Esto es una discriminación.


Obviamente la oferta especial, que no es educación, ofrece tranquilidad y protección. Es un negocio millonario que requiere de pacientes perpetuos, no de estudiantes. La educación inclusiva es un proceso de transformación, cada uno pone su grano de arena. Para algunas personas es un proceso difícil y doloroso, sin duda. Pero vale la pena, si no lo intentamos el sistema no va a cambiar nunca. Ahora, el acoso y el matoneo en contra de las personas con discapacidad hay que tratarlo como lo que es: acoso y matoneo. No debe tener lugar en el colegio, no debe ser fomentado por los maestros ni por las familias.


Es clave conocer los mitos y las excusas y tener ideas para identificarlos y ponerlos en evidencia. La segregación y la discriminación en contra de los estudiantes, con frecuencia, se disfraza de ternura, de consejos no pedidos, se falsas ideas de protección. No coma cuento.

889 vistas0 comentarios

SUSCRÍBASE A NUESTRA LISTA DE CORREO

© DescLAB | 2021
Aviso de Privacidad - En cumplimiento de la Ley 1581 de 2012 y el Decreto reglamentario 1377 de 2013, le informamos que los datos personales que usted nos ha entregado serán almacenados, usados, circulados, actualizados y en general tratados con lo establecido en las Políticas de Tratamiento de la Información de DescLAB publicadas en la página web www.desclab.com/privacidad. Si desea ser removido de nuestras bases de datos haga click aquí.