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No se haga masaje en la playa. 6 mitos sobre el Gobierno Duque y las personas con discapacidad

El 2 de agosto de 2019 la Revista Semana publicó la entrevista “Quiero que las personas con discapacidad tengan acceso al mar, al espacio público, a los andenes” con Jairo Clopatofsky, quien desde el inicio del Gobierno de Duque es el Alto Consejero Presidencial para la Discapacidad. Esa escalofriante entrevista devela las prioridades de este gobierno sobre la discapacidad. Acá les ayudamos a revelar 6 mitos, para no caer en la trampa de las promesas vacías.


Mito 1. El actual plan de desarrollo, se toma en serio a las personas con discapacidad. Falso. Ninguna de las 20 metas realmente importantes del plan de desarrollo habla directamente de las personas con discapacidad. Mientras que sí hablan de pobreza, de energías limpias, de ciencia y tecnología, de internet, de reducir los homicidios, las personas con discapacidad siguen estando en un segundo, tercer o cuarto lugar, al igual que en todos los gobiernos anteriores.


Es cierto que el plan de desarrollo incorpora una “Alianza por la inclusión y la dignidad de todas las personas con discapacidad”, pero no es nada del otro mundo, no propone nada realmente de impacto, son puros verbos genéricos. Todos sabemos que el camino al infierno está empedrado con buenas intenciones.


El diagnóstico del que parte deriva del Registro Único de Localización y Caracterización de las Personas con Discapacidad (RULCPC), un sistema de información que nació desahuciado, que todo el mundo sabe tiene un enorme subregistro y que está años luz de ser representativo de la población colombiana. Es decir, el Gobierno Nacional sabe casi nada sobre las personas con discapacidad.


El Consejero dice en la entrevista que “El 80 por ciento (de las personas con discapacidad) ciento vive en absoluta pobreza. Son los más pobres de los pobres de Colombia y de ese 80 por ciento, el 50 por ciento es analfabeta. Entonces empezamos a trabajar con esas cifras para aterrizar las normas a la realidad. La mayor meta es dejar una política pública integral para esta población” Eso es cierto.


El problema es que no se propone nada real, ni serio, para superarlo. Es un saludo a la bandera, es llover sobre mojado, es algo que todos sabemos. El plan no se fija ninguna meta real para disminuir la pobreza en las personas con discapacidad, ni para disminuir en analfabetismo en esta población. Decir que van a aterrizar las normas a la realidad para dejar una política integral es hablar palabras vacías.


Mito 2. El plan de desarrollo va a aumentar el empleo de las personas con discapacidad. Amanecerá y veremos. En la entrevista se dice que se va aumentar la empleabilidad de las personas con discapacidad del 0.02% al 3%, pero no dice cómo, ni quién es el responsable. El Banco Interamericano de Desarrollo lleva una década (y más de 2 millones de dólares) intentándolo, con la mayoría de Cajas de Compensación como socias y en las principales ciudades de Colombia. Quizás este gobierno sí sepa como hacerlo, ojalá luego les cuenten. No se les olvide que hace pocos días el Ministro de Hacienda y el Gerente del Banco de la República dijeron que no conocían las causas del desempleo, será que si saben por qué las personas con discapacidad no consiguen trabajo.


Desde hace décadas, las organizaciones que hacen inclusión laboral de personas con discapacidad, saben que la clave está en tres aspectos: la formación previa, la sensibilización a las empresas, el acompañamiento en los primeros meses. Sabemos que, aunque las vacantes estén disponibles, las personas con discapacidad difícilmente cumplen con el perfil requerido, eso pasa principalmente por que han estado excluidos todas sus vidas, no son bachilleres, no tienen experiencia alguna y, resulta que, pocas empresas serias hacen obras de caridad con la nómina.

Por eso, la mejor política de inclusión laboral es una política que apuesta por la educación secundaria (en la que tenemos las más altas tasas de deserción para la población con discapacidad) y por la educación superior (en donde no hablemos de deserción, porque para desertar primero debe haber acceso). Más adelante, Clopatofsky dice que algunas personas con discapacidad no deben ir a la escuela regular, que para ellas debe haber escuelas especiales, buena suerte a la hora de conseguir trabajo, se quedarán vendiendo bolsas, velas y armando escobas para trapear.


Quizás en este tema, por fin, el Ministerio de Trabajo y la Agencia del Servicio Público de Empleo se tomen en serio a las personas con discapacidad y generen una oferta realmente transformadora, porque ir a talleres en las agencias públicas de empleo y cargar la hoja de vida en un sistema no funcionan. Quizás lo logren, como lo dijimos al inicio: amanecerá y veremos.


Mito 3. Ahora las personas con discapacidad sí van a acceder a una vivienda. Esto es más de lo mismo, mímica simbólica. Desde hace décadas las normas colombianas establecen porcentajes de viviendas accesibles para familias que tengan miembros con discapacidad. Eso no se ha cumplido y difícilmente se va a cumplir. Así el Ministro de Vivienda firme un decreto en donde se amplía al 20%, esa es una medida bastante anodina. La única política de vivienda seria es aquella que construye viviendas dignas y accesibles para todos.


Es anodina porque se enfoca en la accesibilidad física, solamente. Pero, oh! sorpresa, resulta que las personas con discapacidad física no son las únicas que necesitan viviendas y, tampoco son la mayoría de las personas con discapacidad. Mayor sorpresa aún: las personas mayores de 60 años representan el segmento con mayores niveles de discapacidad, es decir, todos esos sin discapacidad a los que les entregan casa, se volverán viejos y seguro tendrán una discapacidad. Así que tener algunas casas esquineras con rampas, así sea el 20%, siempre será poco. Los constructores de vivienda de interés social se oponen a estas medidas porque sale todo más caro, los políticos también (así no lo digan) porque significa menos casas, menos beneficiarios, menos votantes agradecidos, menos favores pagados.


Las personas con discapacidad están entre los más pobres de entre los pobres, no están formalizados en el empleo, no tienen capacidad de ahorro. Salvo que este gobierno planee regalar casas como si no hubiera un mañana (como lo hizo Vargas Lleras cuando estaba en campaña presidencial), las personas con discapacidad difícilmente podrán cumplir con los criterios de ahorro y de endeudamiento que se requieren para tener una casa de interés social o de interés prioritario en este país.


Mito 4. Las playas azules lograrán que las personas con discapacidad conozcan el mar. No sabemos si reír o llorar. Cada tanto, un político estrato 20 nos sorprende con ideas como estas. En el gobierno anterior era una funcionaria-hija de un magnate del turismo que quería llevar soldados con discapacidad a bucear con delfines, que porque a ella bucear la relajaba. Sillas anfibias, veleros accesibles. Y luego, vuelva a su casa de madera con piso de tierra, pero conociendo el mar, para que le cuente a los vecinos.


Nos aclara el Consejero que no hay que hospedarse en los hoteles de lujo, sino que cualquiera puede llegar y pedir la silla anfibia prestada. Nuevamente risa y llanto. Buena suerte a los boquilleros con discapacidad tratando de entrar por el lobby del Hotel las Américas a pedir la silla anfibia prestada, tendremos sendas tutelas revisadas por la Corte Constitucional. Clopatofsky dice que se interesó en el mar porque descubrió en su infancia que el agua es fuente de energía, de fósforo y potasio. Mímica simbólica, vale la pena preguntarse si las personas con discapacidad, esas más pobres entre los pobres, por ejemplo, los que viven en El Pozón (Barrio de Cartagena), tienen agua potable, fuente inagotable de energía. El banano también es fuente de potasio, a título de anécdota.


Mito 5. A los cuidadores de las personas con discapacidad les van a pagar. Crucemos los dedos para que no pase. Esta ni siquiera es una idea de él, y no está en el plan de desarrollo. Desde hace años un grupo de familias está recogiendo firmas para ese proyecto de ley y buscando algún congresista que les pare bolas. Si algo ha descubierto la Alcaldía de Bogotá, que ha entregado subsidios a los cuidadores durante décadas, es que transferir recursos a la familia para que cuide a sus hijos con discapacidad no hace nada por la inclusión (ni de la persona, ni de la mamá), es más, los mantiene excluidos y recluidos en la familia, para poder cobrar el subsidio (no contabas con la astucia del colombiano de a pie).


La Convención de Naciones Unidas sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (que vale la pena leer), habla del derecho a vivir de manera independiente e incluidos en la comunidad, y a acceder a una variedad de servicios de asistencia domiciliaria, residencial y otros servicios de apoyo de la comunidad, incluida la asistencia personal que sea necesaria para facilitar su existencia y su inclusión en la comunidad y para evitar su aislamiento o separación de ésta. Eso es distinto a pagarle tres pesos a una mamá por cuidar a su hijo autista. Pero claro, los cuidadores votan (las personas con discapacidad también), y los subsidios sí que son herramientas poderosas para manipular a la población en tiempos electorales.


Mito 6. Debe haber escuelas especiales para algunas personas con discapacidad. Virgen del agarradero, agárralo a él primero. Clopafsky dice que la escuela “normal” es para niños con discapacidades no severas, que, para los más llevados, esos que no pueden y no lo van a lograr nunca, sí debe haber “escuelas especiales”. Que alguno de sus asesores le cuente que la educación especial no existe, que esos servicios son de salud y de rehabilitación.


Alguien que le diga que la exclusión de la escuela regular (sí, así se dice, las escuelas normales son las que educan normalistas) y la segregación en entornos terapéuticos son una vulneración de derechos y, que el Comité de Naciones Unidas sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (la máxima autoridad en la implementación e interpretación de la Convención), en la Observación General No. 4 del 2016 (sí, desde hace más de 3 años), dijo que la educación para las personas con discapacidad solo puede ser inclusiva, que no puede coexistir con ofertas segregadas o especiales.


La misma Revista Semana, esta semana, analizó los resultados del primer año del Gobierno Duque y tituló: “Año de Aprendizaje”. Esto es lastimosamente cierto para las personas con discapacidad en este gobierno.

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