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  • Lucas Correa

No le pueden exigir un diagnóstico ni asistir a terapias para incluir a su hijo en la escuela





Con mucha frecuencia las secretarías de educación, los colegios públicos y privados exigen a las familias, para matricular y asignar un cupo a un estudiante con discapacidad, traer el diagnóstico médico, inclusive también les exigen que vayan a terapias. Exigen cosas tan absurdas como: llevar una copia de la historia clínica, una constancia del médico especialista o la certificación de discapacidad que debe dar la EPS; algunos ofrecen las terapias dentro del colegio por una "módica" suma de dinero.


La salud es importante, pero la escuela no es un hospital ni un lugar de terapias. En esta nota le contamos porqué esto no es necesario y qué puede hacer si le pasa. DescLAB, a través de #EscuelaParaTodos brinda información sobre el derecho a la educación inclusiva, pues circula mucha información falsa e imprecisa. En #EscuelaParaTodos también tenemos herramientas para proteger y hacer efectivo el derecho a la educación inclusiva.


Primero: hay que entender por qué pasa esto para poder combatirlo. El exceso de salud en el aula es producto de la medicalización de la discapacidad. Luchamos contra una vida llena de supuesto expertos, de diagnósticos, etiquetas, exámenes médicos, pruebas de inteligencia e, innumerables y eternas terapias. La salud permea y controla la vida, en muchos casos, de las personas con discapacidad.


Pero no es solo una intromisión de la salud en la educación. La educación y los educadores también le han abierto las puertas de par en par, es su mejor aliada para la exclusión. Concentrarse en el diagnóstico médico les permite no ver estudiantes, y en su lugar ver pacientes; les permite no ver potencialidades, sino impedimentos; les impide ver retos pedagógicos, y en su lugar ver problemas. Con frecuencia, la escuela permite su medicalización para tener una justificación, supuestamente científica, para no incluir.


Segundo: la discapacidad no es una enfermedad y por eso no se necesita un diagnóstico para acceder a la educación. Muchas veces se usa el diagnóstico para excluir a la persona, inclusive cuando educativamente el diagnóstico sirve poco o para nada. Tiene Síndrome de Down, sigue: acá no podemos tenerlo, Tiene Trastorno del Espectro Autista, sigue: acá no podemos garantizarle su seguridad. Tiene trastorno no específicado del desarrollo, sigue: mejor búsquele otro lugar, acá solo recibimos personas funcionales. Y así, sucesivamente.


Así que, si le piden el diagnóstico para asignarle el cupo escolar o para hacer la matrícula debe hacer lo siguiente: (1) pida que esa exigencia se la pongan por escrito, seguro se lo van a pensar dos veces antes de hacerlo; (2) si se niegan a ponerlo por escrito, niéguese a llevar el diagnóstico y, exija, que procedan a asignar el cupo y a hacer la matrícula; (3) recuerde pedir todo por escrito e, inclusive, grabar con su celular las conversaciones. Recuerde: los colegios son lugares públicos y los que allí trabajan prestan un servicio público, dichas conversaciones no son privadas. (4) Si no lo logra y le siguen poniendo obstáculos no lo piense dos veces, use la acción de tutela para garantizar el derecho a la educación inclusiva de su hijo.


Las palabras se las lleva el viento. Acá le contamos porqué las solicitudes hay que hacerlas por escrito. No pierda tiempo con peticiones verbales.
Si esto no funciona, acá le contamos como proceder con la tutela. No crea cuentos chinos, manos la la obra para garantizar el derecho a la educación inclusiva.

Tercero: tampoco le pueden exigir que, para continuar en la escuela, deba conseguir el diagnóstico médico. Pasa con frecuencia que, cuando avanza el año escolar, los colegios le informan a las familias que, deben buscar otra institución porque, como no tienen el diagnóstico médico dado por el especialista, y por tanto, no puede seguir matriculado. Nunca, léase bien, nunca, la educación inclusiva puede supeditarse a tener o no un diagnóstico médico.


Ahora, esto no significa que el acceso a salud no sea importante. En la escuela se identifican alertas y signos, los maestros se las comunican a las familias, los remiten a salud. El deber de las familias es llevarlos, garantizar el acceso a los profesionales, a los exámenes y a los procesos de rehabilitación. Pero, mientras eso sucede, la escuela no puede parar, no puede negar apoyos ni ajustes.


Cuarta: tampoco pueden exigirle que tome las terapias en el colegio, mucho menos durante la jornada escolar mientras los otros estudiantes están en clase. La escuela no puede suplantar al sector salud, allí no deben prestarse terapias. Algunos colegios, algunos privados más que otros, están obsesionados con que los niños vayan a terapias, le exigen a las familias que los lleven, les piden constancias de asistencia. Otros colegios prestan ellos mismos el servicio de terapias, por supuesto, a cambio de una "módica" suma y, con frecuencia, los estudiantes son sacados de clase para ir a terapia ocupacional, terapia del lenguaje, etc. Esto es completamente irregular. Son las familias quienes deciden y lideran el proceso de rehabilitación de sus hijos, definen qué terapias toman, dónde lo hacen y hasta cuándo. Así que, no le corresponde interferir al colegio. Lo que está detrás de esta obsesión es que muchos maestros esperan que el terapeuta se los devuelva "curados" y que ya no necesiten nada adicional. Falla así la idea de una educación inclusiva y flexible para todos.


Quinta: la escuela debe recibir a todos niños y valorarlos pedagógicamente, eso significa conocerlos de cerca, saber cómo están y qué pueden lograr. El derecho a la educación inclusiva no deriva del diagnóstico médica. No es un papel el que dice si un niño tiene derecho o no a ser incluido y a que se le brinden ajustes razonables. El derecho a la educación inclusiva surge por la sola necesidad de los estudiantes que enfrentan barreras, que están en situación de riesgo o vulnerabilidad y, requieren, que la escuela se flexibilice y le brinde oportunidades.


Es clave pasar de la lógica diagnósticar-para-incluir a la de valorar-para-incluir. Esto significa confiar más en el conocimiento y en las posibilidades de los maestros para conocer, para poner a sus estudiantes en el centro, flexibilizar sus prácticas, innovar y crear respuestas creativas para las necesidades de sus estudiantes.


La educación inclusiva busca que los estudiantes puedan acceder + permanecer + participar + lograr. Para ello la oferta educativa debe ser flexible y dar respuesta a las necesidades y posibilidades de cada uno de sus estudiantes, eso debe pasar con o sin diagnóstico médico, con o sin terapias.





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