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  • Lucas Correa

Educación privada inclusiva: no justificar la exclusión en nombre de una falsa idea de calidad.



Con frecuencia, estudiantes y familias escuchan que hay colegios privados de una supuesta altísima calidad, muy competitivos, donde se aprenden tres idiomas, los idiomas del futuro, en donde hay bachillerato internacional y que, por tanto, quizás ese no es el lugar para los estudiantes con discapacidad o para aquellos que a lo largo de su trayectoria escolar requieren apoyos o ajustes razonables. A muchos de esos colegios se les ha permitido, a lo largo de los años, prescindir de algunos estudiantes, de los que ellos consideran que no encajan, que no cumplen con las expectativas, de los que necesitan apoyo, de los que "supuestamente" retrasan el proceso de los demás.


Los colegios privados no son clubes sociales en donde se pueda prescindir de los niñas y niñas que requieren apoyos o ajustes razonables. Los colegios privados prestan un servicio público: el de la educación, y ese servicio público, cuando es prestado por particulares a cambio de un precio, también tiene que ser inclusivo y no discriminar.


Desde el 2017 y hasta el 2020 DescLAB lideró un litigio estratégico para proteger el derecho a la educación inclusiva de María Paula, una niña (hoy día adolescente) con dislexia, a quien le fueron retirados los apoyos y ajustes razonables en el colegio privado en el que estudiaba en la ciudad de Bogotá. A través de la Sentencia T-227 de 2020 la Corte Constitucional falló a nuestro favor. En esta nota de blog les contamos 4 aprendizajes y 4 logros con este proceso.


Aprendizaje 1. El litigio estratégico es una herramienta de cambio social, un proceso en el que hay que se resistente al fracaso.


En DescLAB entendemos el litigio estratégico en casos de interés público como un proceso en el que se identifican problemáticas sociales y se actúa para resolverlas de manera estructural. Las acciones tienen como centro lo judicial, es decir, lograr pronunciamientos de los jueces en un determinado sentido que aporte a esa transformación que se espera. Pero no se agotan en lo judicial. Incluyen también acciones administrativas, para lograr planes, proyectos, incluso políticas públicas que ayuden a la solución de la problemática y del caso. Incluyen también acciones legislativas para promover estrategias de desarrollo normativo que impliquen cambios reales en el ordenamiento jurídico. Incluyen acciones dirigidas a la sociedad civil, para fortalecerla y empoderarla. Y, finalmente, incluyen acciones de movilización, para difundir mensajes, necesidades de apoyo, cifras y casos a través de medios de comunicación y redes sociales. El litigio estratégico cree que el derecho puede transformar la realidad y actúa de múltiples maneras para lograrlo.


El caso de María Paula abordaba una problemática reiterada en el contexto colombiano y latinoamericano, la negativa de los colegios privados de garantizar el derecho a la educación inclusiva y la ausencia de autoridades locales fuertes capaces de hacer cumplir las normas que obligan a estas instituciones privadas. Regularmente hay un desbalance de poder, los colegios privados, con frecuencia, detentan más poder que los estudiantes, sus familias y muchas veces detentan más poder que las autoridades educativas locales. Lo que buscábamos era balancear ese poder y reforzar el hecho de que la oferta educativa privada también debe ser inclusiva.


El resultado del proceso de litigio estratégico es agridulce. De cara a María Paula, la adolescente cuyos derechos se vulneraban el resultado es positivo, encontró un colegio regular en el que se siente protegida, valorada y siente que pertenece. En esa nueva institución se le garantizaron sus derechos desde el primer día y cerca de tres años después la experiencia en el primer colegio es apenas el recuerdo de una pesadilla. Lastimosamente, producto de la vulneración de su derecho a la educación inclusiva, los padres de la adolescente decidieron marcharse del colegio en donde no solo su hija mayor, sino también su hija menor, estudiaban desde el inicio de su trayectoria escolar. El costo emocional era más