• Lucas Correa

Aunque la segregación escolar se vista de seda, una forma de discriminación se queda. 5 pistas



La segregación o separación de los estudiantes en aulas diferentes, sea que se llamen aulas de apoyo, aulas inteligentes o cualquier otro eufemismo, vulneran el derecho a la educación inclusiva y discriminan a los estudiantes con discapacidad. Acá le contamos por qué.


Con frecuencia, políticos, educadores y familias caen en la trampa de la segregación educativa. Los niños con discapacidad están matriculados en la escuela, pero asisten a lugares separados. A veces son salones, otras veces sedes de la escuela completamente diferentes. Se tejen todo tipo de excusas para justificarlas: necesita adaptarse antes de ir al aula regular, necesita aprender a regular su conducta primero, necesita adquirir las funciones ejecutivas, en esta aula especial hay menos niños y un maestro dedicado todo el tiempo a ellos, en fin, infinidades. Pero en el mundo de la educación inclusiva el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones que hay que saber identificar y contrarrestar.


Pista 1. La segregación escolar parece una forma de protección, algo bien intencionado, pero no lo es. La segregación es una forma de discriminación y una vulneración al derecho a la educación inclusiva. Nada justifica que, por la discapacidad, un niño o una niña sea separado de sus pares sin discapacidad en la escuela y en el salón de clase. Las innovaciones pedagógicas y las acciones preparativas deben tener lugar en el aula regular, nada de eso debe entorpecer la interacción de los estudiantes con discapacidad con sus pares.


Pista 2. La segregación escolar encubre, en la mayoría de los casos, una falsa promesa. Se cree que es temporal, mientras se adapta, mientras lo logra, pero nada más permanente que lo temporal. Los estudiantes, generalmente nunca salen de esa aula especial o segregada y, casi nunca, se incluyen en las aulas regulares con sus pares sin discapacidad.


Difícilmente los estudiantes segregados en las aulas especializadas logran finalizar su trayectoria educativa y graduarse, a la vuelta de unos años la mayoría se cansa de hacer lo mismo, de no avanzar, de no interactuar con sus pares. Otras veces el colegio no puede graduarlos porque a pesar de estar presentes, los contenidos, las competencias, la evaluación y la promoción de desdibujaron y no es legalmente posible graduarlos.


Pista 3. La segregación escolar refuerza la idea de que a los estudiantes les falta algo, que son defectuosos y por eso deben estar en otro lugar. La existencia de este tipo de ofertas dentro de las escuelas fortalece la idea de que algunos estudiantes no pertenecen al aula regular y deben estar en otro lugar.


Pista 4. La segregación escolar desdibuja los elementos de la educación y refuerza los elementos terapéuticos y de rehabilitación de la atención especializada a las personas con discapacidad. Las aulas especiales, con frecuencia, no prestan el servicio educativo. Los contenidos académicos y las competencias, la evaluación y la promoción desaparecen. Poco a poco los elementos terapéuticos cobran mayor relevancia y terminan por copar el tiempo, los esfuerzos y los recursos disponibles.


Para justificarlas, políticos, maestros y familias recuerdan las antiguas unidades de atención integral (UAI), ejércitos de terapeutas contratados a través de fundaciones de dudoso prestigio y de inquebrantable vocación política, que atendían, caracterizaban, diagnosticaban, medicaban a los estudiantes con discapacidad. Luego de décadas de inversión pública aprendimos que dichas estrategias solo servían para relevar al sector salud de su responsabilidad mientras la escuela y sus maestros no se veían en la obligación de transformarse.


Pista 5. La segregación escolar le permite a los maestros regulares deshacerse de los estudiantes y al docente especial, acapararlos. La segregación escolar impide que los maestros regulares aprendan y transformen sus prácticas hacia la inclusión, les permite identificar a los estudiantes defectuosos y remitirlos a otro lugar, de esta manera, no enfrenta el reto pedagógico que implica la educación inclusiva.


De otro lado le permite al educador especial acaparar a los estudiantes y volverse imprescindible en la escuela. Al ser la única persona capaz de enfrentar los retos impide que la escuela se transforme en un lugar incluyente.


No importa como se llamen las aulas segregadas: aulas inteligentes, aulas de aceleración, aulas de apoyo, aunque la segregación se vista de seda, una discriminación y vulneración a la educación inclusiva se queda.



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