• Lucas Correa

Muerte digna en Colombia. Ideas y retos sobre un derecho emergente



El derecho a morir dignamente emergió en Colombia desde el año 1993 y se ha consolidado como un derecho fundamental. No es un asunto menor, a diferencia de muchos lugares en América Latina, en Colombia tenemos derecho a que nuestra muerte y el fin de la vida correspondan con nuestra idea de vida digna y de autonomía. Es un derecho que vale la pena entender y proteger.


En 2020, DescLAB publicó su informe "Muerte digna en Colombia. Activismo judicial, cambio social y discusiones constitucionales sobre un derecho emergente" un esfuerzo como sistematizar la forma como el derecho a morir dignamente emergió, se consolidó y los retos que enfrentamos a futuro. En esta nota de blog les contamos cinco ideas de la publicación. Click aquí para consultar el texto completo.


Idea 1. La muerte digna es un derecho fundamental que emerge en Colombia producto del activismo judicial


La muerte siempre ha sido parte de la vida, pero hablar de la dignidad en el fin de la vida es una cuestión novedosa. El discurso de los derechos humanos está centrado en la vida de los hombres y las mujeres, sin su existencia, las demás consideraciones sobre los derechos pierden relevancia. La muerte, históricamente, debía llegar de manera natural y se pensaba que ello no era de importancia en el discurso de los derechos.


Pensar en la muerte y en el fin de la vida como un asunto de derechos humanos abre enormes discusiones éticas: ¿es posible prescindir de la vida? ¿quién puede hacerlo? ¿bajo qué circunstancias? ¿cuál debe ser el rol del estado? emergen como preguntas entre muchas otras.


Que vivamos más tiempo y que los avances tecnológicos nos permitan saber y hacer más sobre las enfermedades que nos aquejan cataliza las discusiones sobre el fin de la vida. Poder vivir más no siempre significa vivir mejor. Que haya una mayor cantidad de recursos tecnológicos en salud no significa que queramos usarlos. La posibilidad de desistir de tratamientos, de paliar el dolor y de acceder a una ayuda para morir no son solo cuestiones éticas o posibilidades dentro de un tratamiento, son un derecho, una prerrogativa de los colombianos para tomar el control de sus cuerpos y sus mentes en el fin de sus vidas.


En el proceso de emergencia del derecho a morir dignamente las élites judiciales han jugado un papel central. El derecho se abrió camino a lo largo de diferentes casos que llegaron a la Corte Constitucional colombiana sin una estrategia previa ni producto de la movilización social. En el futuro, el reto estará en consolidar un movimiento social fuerte que monitoree y blinde el proceso. Click aquí para consultar el texto completo y saber más del proceso de emergencia.


Idea 2. Las discusiones sobre la muerte digna trascurren en un falso dilema entre la vida y la muerte


Hablar de muerte digna como un derecho nos debe llevar a superar el falso dilema entre la vida y la muerte creado por los sectores más conservadores. La vida es siempre finita y por ello la muerte es una parte central de ella. Pensar, hablar y decidir sobre cómo queremos que sea la muerte reafirma la vida y la llena de dignidad.


Es un error pensar que la vida es un hecho biológico que todos estamos obligados a vivir de cualquier manera y a toda costa. La vida debe corresponder siempre con la idea de dignidad de quien la vive. Esta idea de vida digna leva a múltiples posibilidades que protegen diversas decisiones, desde quien cree que solo su idea de dios da y quita la vida y que través del sufrimiento se redimen los pecados; hasta quien quiere que le ayuden a morir sin dolor ni sufrimiento.


El error está al tratar de imponer una visión de vida digna sobre otras. Así como nadie está obligado a morir de una manera, otros tampoco están obligados a vivir de cierta forma. El fin de la vida y la muerte debe poder corresponder con la idea de autonomía y vida digna que tenga cada persona. Click aquí para consultar el texto completo y conocer más sobre las discusiones constitucionales en torno a la muerte digna.


Idea 3. El derecho a morir dignamente puede materializarse de muchas formas, la eutanasia es solo una de ellas


El derecho fundamental a morir dignamente puede materializarse de muchas formas y todas ellas están relacionadas. Van desde los cuidados paliativos, pasando con la posibilidad de desistir o adecuar las medidas terapéuticas hasta la eutanasia. El lío está en que estas formas no siempre conversan entre sí y muchas veces se ignoran y ocultan.


En esta nota de blog les contamos las diferentes opciones para materializar el derecho a morir dignamente. Click aquí para leerla.

Sucede que muchas veces quienes prestan cuidados paliativos o quienes deben garantizar la posibilidad de desistir de tratamientos o adecuar las medidas terapéuticas (lo que a veces se llama eutanasia pasiva) caen en trampas conservadoras. Esas trampas llevan a ofrecer opciones parcializadas, como acceder a cuidados paliativos sin hablar de la eutanasia porque supuestamente los primeros "afirman la vida". Otras veces las asociaciones de pacientes deciden cuándo es pertinente o no poner el tema de la muerte digna sobre la mesa, como si otras personas tuvieran el derecho a entregar o a ocultar información que debe estar siempre disponible.


Las personas tienen derecho a conocer todas sus opciones desde el inicio para que puedan tomar las decisiones que consideren en el tiempo que cada uno estime pertinente.


Idea 4. Cuán próxima debe estar la muerte para ejercer el derecho

Uno de los retos a futuro que enfrentará el derecho a morir dignamente gira en torno a la pregunta por cuán próxima debe estar la muerte. No es un tema menor. De un lado, pronosticar cuánto tiempo de vida le queda a una persona está lejos de ser un ejercicio científico preciso. De otro lado, no todas las enfermedades que causan un alto impacto en la calidad de vida de las personas se desenvuelven rápidamente. Por el contrario, son lentas y progresivas. La pregunta por cuán próxima debe estar la muerte para garantizar el derecho estará a la orden del día en los casos que discutan.


Esta situación hará que la decisión subjetiva cobre mayor relevancia, es decir, cada persona deberá poder decidir, de acuerdo con su realidad, con sus deseos, con su trayectoria de vida, cuándo es el mejor momento para morir y cómo debe suceder. Poner en el centro a la persona ayudará a evitar situaciones de instrumentalización del sujeto, casos de tortura y tratos crueles en función de preguntas pseudocientíficas por cuanto tiempo de vida le queda o cuán próxima está la muerte.



Idea 5. Hay que estar atentos a las barreras administrativas y burocráticas.


Otro de los retos a futuro será monitorear las prácticas de los actores del sistema de salud. Que la muerte digna sea un derecho no significa que su ejercicio esté libre de barreras. Todo lo contrario. Pero si bien las barreras en el sistema de salud son un asunto cotidiano, cuando se trata de la muerte digna hablamos de un asunto exacerbado, principalmente porque es una carrera contra el tiempo.


Las discusiones éticas y jurídicas sobre el fin de la vida y la muerte digna deben estar presentes en la formación inicial de los profesionales de la medicina, no solo los médicos, sino también en el personal asistencial. Estas mismas discusiones deben hacer parte de la organización de los servicios y en las prácticas administrativas de las entidades que prestan servicios de salud. Hay que pasar de un servicio reactivo que no sabe qué hacer ante las solicitudes, a un servicio propositivo y preparado, que sabe qué hacer y cómo hacerlo.


Las organizaciones sociales y las asociaciones de pacientes deben estar atentos a identificarlas y a actuar de manera estratégica para removerlas. El punto de llegada debe ser un servicio centrado en la persona, libre de prejuicios, con procesos y procedimientos claros que permita tomar decisiones y materializarlas de manera rápida y protegida.


Las decisiones sobre el fin de la vida hay que llevarlas a la mesa del comedor. Hablar sobre la muerte debe ser un asunto desmedicalizado y rejuvenecido, en donde persona jóvenes y adultas sanas se pregunten por el futuro y por lo que quieren que en él suceda.



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